



Nacido en la provincia de Sugamuxi, la tierra del Sol y Acero, Jorge Enrique Rosas, es un ejemplo de vida para las nuevas generaciones que se están formando, en un país que viene reclamando el cambio con justicia social, con equidad y una buena formación académica.
Este hijo de ancestros boyacenses llegó a este mundo el 29 de mayo de 1947. Ya a los ocho años añoraba montar en bicicleta, porque uno de sus profesores, Jorge Eladio Castañeda, lo veía pasar para la escuela a las 7.00 de la mañana, cuando él iba por la parva a la panadería donde trabajaba su señor padre.
¿Cuál fue su primera bicicleta?
En esa época nuestros padres y profesores eran muy severos. Pedir una bicicleta era casi que un sacrilegio, por eso con los cinco centavitos que me daban todos los días para el recreo, yo fui ahorrando hasta que pude comprar mi primera bicicleta de marca Irhondelle de fabricación francesa. Fueron años de ahorro; al final me costó 80 pesos.
El primer departamento en importa bicicletas fue Boyacá. Lo hizo la empresa Paz del Rio, para sus trabajadores.
¿Y su primera carrera?
Fue una carrera que se disputó entre la avenida Bélgica (calle 15) y la estación del tren. Uno de mis primeros compañeros de ruta fue Ezequiel Pinto.
Estos primeros pedalazos me animo, para prepárame para competir en la famosa Carrera Nacional de Turismos, que organizaba Leónidas Herrera. Participe en dos ocasiones.
¿Bueno y que pasó?
Que en esa época del ciclismo no se podía vivir, tocaba que trabajar y ya conocía a un señor de origen alemán que se radicó en Sogamoso de nombre Herman Carber, quien me ayudó a enganchar con la regional de Avianca.
Estando ahí me dice que hay posibilidades de ir y trabajar a Villavicencio, con Avianca. Yo no dudo mucho y acepto el traslado.
En esa época la ciudad era muy pequeña, pero muy agradable. Todo estaba a la mano. Me pongo a órdenes de otro señor alemán, don Francisco Series. Mi llegada ocurrió el 20 de septiembre de 1971.
¿Sigue con el ciclismo?
Por el horario de trabajo, me toca dejarlo un poco, pero me voy contactado con gente que lo practicaba. Conozco a los directivos de Ciclo Record, Ciclo Real de Pablo Sánchez y de Ciclo La Macarena de Héctor Sánchez (q.e.p.d).
Cuando salía hacia mis recorridos en turismera de moda de marca Vuelta a Colombia. Para los trabajos de velocidad la pista era donde está el monumento de Betty Camacho hasta donde había un avión, que lo habían convertido en discoteca. Eso hoy son Almacenes al Alkosto.
¿Qué paso con su emprendimiento en Cumaral?
En 1975 se acaba mi contrato en Avianca, con los ahorros me voy para Bogotá al almacén de Miguel Samacá, me compro varios triciclos y montó un taller y alquiler de triciclos en Cumaral.
Tocó cerrarlo por quejas de los padres familia, porque sus hijos se gastaba el recreo alquilando los triciclos o porque llegaban a la casa llorando y golpeados por las caídas que sufrían.
El rector de la escuela me hizo quebrar porque cambio el horario de salida de los niños. Resulta que le último bus con destino a Villavicencio salía a las 6.00 y los alumnos a 6.30 pm.
Ante este fracaso comercial decido vincularme a la Liga de Ciclismo del Meta, donde el presidente de ese momento, el capitán de la policía Jorge Casillas y el teniente Otero, vicepresidente, me nombran tesorero.
¿Cómo llega al periodismo?
Estando con las avatares del ciclismo, un fin semana me encuentro con don Héctor Julio Chaparro Mesa, quien llega a un reconocido establecimiento denominado ‘El Ancla’, que quedaba muy cerca al Internacional.
Allí nos conocimos y entablamos una larga charla. Con el tiempo me invitó que hiciera parte de la nómina de Vanguardia Deportiva y de la Guerrilla Deportiva por Radio Cinco. Creamos el programa Hablemos de Ciclismo, que estuvo en el aire desde 1976 hasta 1984.
Pasado los Juegos Nacionales de Villavicencio, vuelvo a la Liga de Ciclismo del Meta con Víctor Obdulio Benavides, quien llegó hacer le Contralor del Departamento. Su mayor frustración no haber corrido la Vuelta a la Juventud donde ganó el Efraím Pulido.
Gracias a él y Redy Hart Van Aundehove (q.e.p.d), se logró crear la Clásica Open Aguardiente Llanero, donde vinieron los mejores equipos marca de nuestro país, encabezados por Lucho Herrera con el Café de Colombia.
¿Y cómo se volvió técnico?
En la época de Miguel Ángel Bermúdez, como presidente de la federación Colombiana de Ciclismo, se da apertura a las Escuela de Formación Kokorico-Caracol –El Tiempo, que después se llamarían Caja Agraria. En ese programa estuvo al frente el español Juan Carlos Pérez.
¿Esa fue la base para el ciclismo de pista?
Si señor en 1992, en el velódromo de Barranquilla presentamos por primera vez un equipo de pista en representación del Departamento del Meta, conformado Orlando Sandoval, Gilbert Céspedes y Orlando Ballesteros.
Me acuerdo que el trabajo de pista lo realizamos entre el CAI de Catama y la vía hacia el Terminal. Ahí entrenábamos todos los días.
En 1995 recibo la noticia por parte del director de Jundeportes Meta, Pedro Justo Guerrero Paternina, que quedó cesante de mi cargo. Orden de Coldeportes Nacional.
¿Qué decisión toma?
Todos los diciembres llegaba a mi casa un amigo de nombre Abelardo Díaz, que siempre me decía estudie Rositas, siembre para el futuro. Tomé la decisión de ir al Colegio Cofrem me pidieron papeles, siendo honesto no los tenía, casi que me toca entrar en salón de los párvulos. Tenía 50 años.
Me tocó iniciar desde primero de primaria. A las tres semanas presenté los exámenes y pase a sexto de bachillerato. En 1997 me gradué de bachiller.
Al año siguiente me matricule en la carrera de educación física en la Unillanos. Termine mis estudios universitarios y me presente a concursar en la Secretaría de Educación del Departamento.
¿Y para donde lo enviaron?
Para la vereda el Crucero, municipio de Fuentedeoro, la escuela estaba cerrada, no había niños, todos habían emigrado porque sus padres habían vendidos sus fincas.
Fui y hable con el alcalde y me enviaron a otra escuela más cercana, donde logré armar un curso de 22 niños. Allí trabajé durante cinco años con el beneplácito de la comunidad.
Luego me reubicaron en una escuela en Villavicencio por el sector del barrio Juan Pablo II. También estuve cinco años hasta que me pensionaron.
¿Y su pasión por el ciclismo donde quedó?
Siempre lo hecho con carácter recreativo, sigo saliendo con un grupo de amigos. Tengo tres bicicletas y le ayudo a mi Jorge Humberto, quien tiene un club -escuela de formación. Hoy retirado de la docencia convino mis ratos libres con otra pasión que es la carpintería: Los oficios no se olvidan.
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